Psiquegrafía:

 

 

Aunque nací en la tierra tropical de Villahermosa, Tabasco, al sur de México, caliente mi sangre es helada e inestable como el clima de Pachuca, Hidalgo, lugar en el que he vivido, cuando la temperatura de tu ciudad es un reptil no puedes más que mimetizarte como ella, y esa felicidad apática se refleja en mi escritura.

Me inicié en el arte en los vericuetos de la pintura, la cual ejercí de los tres a los 20 años sin pena ni gloria. Empecé leyendo cuentos de Perrault y Anderson, pasé una oscura brecha de cómics de importación, continué con novelas de Verne, Doyle y Dumas, mi adolescencia fue un viaje por las aguas turbias y agónicas del romanticismo, el existencialismo, donde mi único alimento fueron los poetas malditos, Nietzsche y quién sabe cuántos demonios encarnados, esa enfermedad me dejó secuelas que todavía no desaparecen.

Actualmente he caído en la lectura de las obras universales, esas que la crítica adora, las que te recomiendan en la escuela, las que ganan premios, las que puedes comentar en una reunión esnob sin temor a ser criticado, esas mismas que en su tiempo fueron revolucionarias, agresivas, incoherentes, y hoy forman parte de la educación literaria y los lugares comunes, estoy fascinado con la literatura hispanoamericana, la de mi País y la de mis hermanos del Sur, no quiero escribir como ellos, pero los disfruto mucho.

Alguna vez un ocultista cerró los ojos y vio a través de mi cráneo, sus palabras fueron claras: “Tu mente no es como un cielo donde nada tiene lugar, no es una construcción neoclásica donde todo está en orden, no, tu mente es similar a ver una película de animación psicodélica estando sobrio, es como el Submarino Amarillo, estilizada, infantil, perversa, inocente, colorida, llena de vida, de risa y movimiento... lo único que no entiendo es por qué el fondo, el horizonte, y en general todo lo inanimado, es completamente negro” y a mí me gustó su definición...